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  • Zonas ajardinadas y espacios abiertos
  • Patio sevillano del edificio noble
  • Ubicado en una zona residencial del barrio de Pedregalejo en Málaga capital
  • Fundado por el célebre Dr. Miguel de Linares Pezzi

Introducción

El Instituto Psicopedagógico Dulce Nombre de María fue creado en 1946 por Doctor Miguel de Linares Pezzi.

Nuestro Centro acoge desde sus inicios a niños con trastornos psíquicos, físicos y/o sensoriales.

Somos pioneros tanto por la atención prestada a nuestros alumnos como en la forma de hacerlo.

Nos definimos como un espacio convivencial y formativo que atiende a menores cuyas necesidades específicas exigen un abordaje psicoterapéutico diferenciado desde las vertientes médica, psicológica y educativa; aunando una atención integral e individualizada cercana e intensa, cuyos recursos personales y materiales están encaminados a una labor psicosocial y educativa, que ayude a nuestros menores a superar sus problemas.

Según la comparecencia del Defensor del Pueblo en Febrero de 2009 sobre el Informe sobre Centros de Protección de Menores con Trastorno de Conducta y en Situación de Dificultad Social

"... Como han podido comprobar, hay establecimientos que funcionan razonablemente bien, centro gestionados por profesionales que, con auténtico derroche de generosidad, abnegación y afecto hacia los niños, consiguen ayudarles a ir superando poco a poco sus biografías personales. Cabe resaltar a este respecto... el trato afectuoso que reciben los niños en el centro Dulce Nombre de María (Málaga)..."

Nuestro centro está formado por tres recursos que, aunque tienen estructuras diferentes, comparten el espacio físico y trabajan en común para conseguir el desarrollo individual de nuestros alumnos.

Instituto Psicopedagógico Dulce Nombre de María

Cada menor contará con un Plan Terapéutico Individualizado de acuerdo a sus necesidades e intereses, estructurando su intervención psicosocial en un programa global que integra como componentes el entrenamiento en habilidades sociales, la resolución de problemas, el desarrollo social y afectivo, la educación en valores, habilidades para la vida cotidiana, la inserción sociolaboral y la educación para el ocio y el tiempo libre. De manera que se trata de una intervención integradora e interdisciplinar en la que se vinculan los aprendizajes específicos de cada uno de los programas con el resto de conocimientos que el menor va adquiriendo en cada uno ellos y que tiene como objetivos principales ayudar al menor a:

  • Comprender las consecuencias sociales de su comportamiento desajustado y planear otras acciones para solucionar el problema.
  • Desarrollar habilidades de interacción social más apropiadas.
  • Aplicar estrategias de autoevaluación.

Desde su ingreso en la residencia cada menor participará en un programa de modificación de conducta basado en la técnica psicológica “economía de fichas”. Dicho programa tiene como objetivos; por un lado el control de conductas disruptivas y el aprendizaje de conductas, normas y valores socialmente adecuados; por otro, que los menores vayan adquiriendo el mayor grado de autonomía posible, de cara a su normalización e integración en la comunidad.

Este programa buscará la consecución gradual de los distintos objetivos correspondientes a cada una de las fases por la que cada menor pasará a lo largo de su estancia en la Residencia y que vendrán reflejados en su Proyecto Terapéutico Individualizado.

El desarrollo de estas fases y el modo en que estas se alcancen será supervisado por una comisión técnica – educativa, de cara a realizar aquellas modificaciones que se consideren oportunas con el objeto de adaptar el proceso a cada menor.

ITINERARIO DE INTEVENCION EN LA RGA

La filosofía del centro nos obliga a trabajar de una manera en que la persona con discapacidad será la protagonista de sus acciones y debe vivir las consecuencias de éstas. Por lo tanto un punto esencial deberá ser fomentar la autodeterminación en todos los niveles y enseñar a la persona a decidir sobre aspectos de su vida, de su tiempo,…

En consecuencia, la metodología que se llevará a cabo en el centro permitirá y tendrá en cuenta la toma de decisiones y la opcionalidad, en numerosos momentos del desarrollo del día a día del centro. Las elecciones tendrán lugar en diferentes momentos de lo cotidiano del centro y los usuarios las harán libremente o a través de diferentes opciones presentadas como soporte.

Fundamentalmente utilizaremos los formatos auditivo y visual (imágenes o escritura). Las imágenes o formatos de comunicación adaptados (pictogramas) tendrán utilidad en numerosos momentos de las actividades del centro. A través de estos recursos se trabajarán aspectos de autodeterminación, de aprendizaje de procedimientos de diferentes tareas y de formación, de localización de materiales,…

Menores con Trastorno de conducta

Debido a que en el Trastorno de Conducta hay múltiples factores determinantes, la intervención terapéutica tiene que combinar e integrar intervenciones dirigidas tanto al usuario como a la familia. Los programas de entrenamiento a padres, la terapia multisistémica, el entrenamiento en resolución de problemas, las intervenciones psicopedagógicas, los recursos comunitarios psicoeducativos y el tratamiento farmacológico, forman parte de la metodología que utilizaremos para diseñar los planes terapéuticos de cada caso.

Principios generales de la intervención terapéutica.

Los principios generales de la intervención terapéutica serán los siguientes:

  • Los trastornos del comportamiento disruptivo tienden a la cronicidad.
  • Los tratamientos breves no funcionan, y no existen “soluciones fáciles y rápidas”. La mayoría de las veces presenta múltiples áreas de su funcionamiento alteradas y comorbilidad psiquiátrica, por lo que requiere un tratamiento multidisciplinar, de al menos varios meses de duración.
  • La intervención precoz aumenta la probabilidad de éxito y evita la aparición de comorbilidad. El tratamiento será inefectivo si las consecuencias negativas ya están arraigadas en todos los ámbitos de la vida del niño.
  • El tratamiento debe ser individualizado para cada paciente y cada familia.
  • Al elaborar el plan terapéutico, se debe partir desde los “puntos fuertes” del niño y de su familia.
  • La intervención psicosocial estructurada es el tratamiento de primera elección, y debe continuarse a pesar de iniciar tratamiento farmacológico.
  • Es imprescindible identificar y tratar la comorbilidad psiquiátrica.
  • El tratamiento debe siempre incluir a los padres. Uno de los objetivos más importantes del tratamiento es mejorar el estilo parental y la interacción padre-hijo. Si los padres presentan una enfermedad mental (trastorno depresivo, abuso de sustancias, trastorno de personalidad antisocial) es necesario que reciban tratamiento.
  • Comenzar con objetivos realistas y a corto plazo, para ir avanzando progresivamente.
  • Fomentar la socialización con compañeros que no manifiesten este tipo de comportamientos.
  • Favorecer la adherencia terapéutica.
  • Tener en cuenta los factores culturales, que invariablemente incluyen el nivel de obediencia y disciplina en la casa, y en la comunidad.
Menores con discapacidad

Consideramos nuestro centro como un contexto de interacción del usuario con los compañeros y profesionales. Todas las personas del centro son personas adultas y las relaciones que se establecen han de responder a las propias de esta etapa vital. La relación del educador con el usuario debe estar presidida por el respeto a su persona y por tanto, a sus características, necesidades e intereses personales. Como un aspecto importante hay que tener en cuenta el respeto a la intimidad de la persona, tanto a nivel físico: ofreciendo el apoyo a través de una persona del mismo sexo en situaciones de vestuario o aspectos de la higiene íntima; como a nivel del trato de la información personal: tratándola en los espacios y con las personas adecuadas y con la máxima confidencialidad y secreto profesional.

En la atención diaria a los usuarios, las intervenciones de los profesionales, aunque vayan dirigidas a un grupo de usuarios, deben trabajar los objetivos de nuestro plan atención individualizado, adecuados a cada persona. Por lo tanto es imprescindible una atención individualizada por parte del educador, que debe posicionarse como acompañante de los progresos del usuario. Esto implica que el usuario tiene que ser el protagonista de sus acciones y con el apoyo del educador debe decidir en qué aspectos quiere mejorar, que objetivos quiere trabajar y qué tareas prefiere desarrollar.

Para los menores con discapacidad, se elaborará un plan de atención individualizado. Este plan recogerá la descripción exhaustiva de las actuaciones previstas para cada uno de ellos. La intervención se realizará a partir de una evaluación de las necesidades y de la revisión de dicha intervención.

La residencia tiene dos programas uno dirigido a menores con trastornos de conducta y otro dirigido a menores discapacitados

Menores con trastorno de conducta

La población atendida en nuestra residencia se caracteriza por ser menores de edad cuyos comportamientos conflictivos, asociados a patologías psiquiátricas, psicosociales o estilos educativos de crianza, son incompatibles con la normal convivencia dentro de los diferentes ámbitos en los que se desenvuelve y para los cuales no esté indicado ninguno de los recursos actualmente disponibles.

Menores discapacitados

Este recurso va dirigido a personas con grave discapacidad física, psíquica, y/o sensorial, los cuales por su perfil o la gravedad de su patología requieren ayuda constante por parte de otras personas para desarrollar las actividades de la vida diaria, así como precisan contar con una infraestructura apropiada y personal altamente cualificado.

Se pretende conseguir la mayor calidad de vida en personas con estas necesidades especiales, proporcionándoles el tratamiento específico para la eliminación o reducción hasta donde sea posible de los problemas que presentan.

Menores con trastorno de conducta
  • Servir como elemento de apoyo a las familias, con el objetivo de proporcionar la continuidad asistencial y de cuidados de niños, niñas y adolescentes y, de esta manera, mejorar su salud y bienestar.
  • Desarrollar e implantar un programa específico de atención integral para menores con graves trastornos de comportamiento en régimen residencial.
  • Mejorar la calidad de vida de los menores con trastornos de conducta y sus familias, así como favorecer su proceso de recuperación e inclusión social.
Menores discapacitados

Nuestros objetivos son:

  • Facilitar los apoyos y recursos adecuados a las necesidades de los usuarios/as, con respecto al cuidado personal, actividades básicas de la vida diaria, desarrollo personal, protección y salvaguarda de su integridad, proporcionando una atención especializada interdisciplinar, en función de las demandas del usuario y su familia.
  • Favorecer, conservar y recuperar la autonomía personal
  • Potenciar el mantenimiento de los aprendizajes ya adquiridos.
  • Prevenir la progresión de las situaciones de deterioro físico y psíquico, manteniendo al usuario/a en su medio habitual.

En definitiva, tratamos de conseguir el máximo desarrollo de sus capacidades y posibilidades de integración social, mejorando su calidad de vida y adaptación a su entorno.

La finalidad de esta residencia es crear un centro de atención global (terapéutico, educativo, social ) modelo de comunidades terapéuticas, al que se pueda derivar a aquellos menores con trastornos de conducta más graves y/o menores con graves discapacidad para los cuales no este indicado ninguno de los recursos actualmente disponibles, con el objetivo de proporcionar una continuidad asistencial y de cuidados de niños, niñas y adolescentes, y, de esta manera, mejorar su salud y bienestar.

Dicho proyecto desarrolla (un) dos programas, uno específico para menores que presentan Trastornos de Conducta facilitando un entorno de seguridad y afecto donde los menores perciban y sientan acogimiento, cariño, seguridad y protección, donde puedan manifestar sus angustias y ansiedades y se les escuche y atienda de forma comprensiva y afectiva, permitiendo una educación que les facilite vivir y desarrollarse en plenitud, con al menos, las mismas o parecidas condiciones que la mayoría de la población. Y otro programa específico para menores con grave discapacidad en el que se realizará una función asistencial, educativa, afectiva y terapéutica, dando respuesta a las necesidades de desarrollo físico, psíquico, emocional y social de las personas, compensando los posibles déficits que sus circunstancias hayan podido ocasionar.

El programa detecta las especiales necesidades de atención social, pedagógica, sanitaria y/o psicológica que puedan presentar los menores, garantizando una respuesta adecuada a las mismas, tanto desde los recursos propios de la casa, como desde el aprovechamiento o movilización de otros recursos externos, siempre desde el criterio de la tendencia a la normalización.

Por otro lado el programa para menores discapacitado, donde también damos respuesta desde nuestro centro, ofreciéndoles todo lo necesario para que puedan llevar una vida lo más normalizada posible. Somos un centro destinado a la atención integral, en régimen de internado y media pensión de personas con discapacidad que, careciendo de posibilidades razonables de recuperación a consecuencia de la gravedad de su discapacidad, encuentran serias dificultades para conseguir una adecuada asistencia y, para ser atendidos en sus necesidades básicas de las actividades de la vida diaria.

Uno de los problemas más importantes en la infancia y la adolescencia, y que representa una importante problemática social, es el de los trastornos de conducta, términos que denominan, entre otros conceptos, a lo que conocemos como conducta o conductas antisociales. Este tipo de comportamiento preocupa a padres, profesores, otros adultos e iguales, ya que la constancia de estas conductas provoca una grave perturbación, tanto para las familias, como para las instituciones y la sociedad en general.

El incremento de este tipo de conductas viene derivado por los cambios experimentados en la sociedad en los últimos años (fomento de un modelo de vida individualista, influencia de las redes sociales y los medios de comunicación, nuevo modelo de familia,…), que están produciendo consecuencias preocupantes en cuanto al comportamiento de niños y adolescentes.

Las consecuencias de la conducta disocial de los menores trascienden a las propias familias para recaer también sobre el vecindario, la escuela, el sistema sanitario o, incluso, los tribunales de justicia. Pero se trata además de un problema que rompe los tradicionales problemas sociales para afectar a familias de todas las capas y estratos sociales. A este respecto, sorprende el creciente número de casos de menores integrados en familias perfectamente normalizadas, no encuadrables en supuestos de desprotección, y que, no obstante, se muestran impotentes para contener los problemas conductuales del menor a su cargo.

Los modelos actuales de atención en Salud Mental infanto-juvenil y en Protección a la Infancia comparten el énfasis en la búsqueda de normalización en su intervención (utilización de recursos comunitarios, permanencia del niño en la familia, escolarización ordinaria…). No obstante, algunos menores requieren una atención muy específica que no se ajusta totalmente a ese modelo. Entre ellos podrían encontrarse algunos adolescentes y jóvenes cuyas dificultades personales conllevan un patrón de conductas transgresoras muy graves que dificultan seriamente la convivencia cotidiana (en su familia, en la escuela y en la sociedad en general). Aunque para la mayoría de estos menores las intervenciones comunitarias y familiares constituyen la respuesta indicada, persiste un reducido grupo que requiere una intervención intensiva en un contexto de convivencia cotidiana, es decir, un recurso residencial de media-larga estancia.

En el aspecto escolar, la población con trastornos de conducta se caracteriza por una alta tasa de absentismo escolar, la presencia de conductas disruptivas en los centros escolares que motivan expulsiones y el paso por numerosos centros. En la mayoría de los casos su competencia curricular no coincide con el curso escolar que les corresponde, por edad cronológica. Así se observa falta de motivación en el aprendizaje, baja autoestima, bajos niveles de frustración, avance lento en el rendimiento escolar, déficit cognitivo, deprivación cultural, déficit atencional, etc.

Por ello una de las singularidades de nuestro Programa es su carácter intensivo en el que gracias a una adecuada estructuración del ambiente y a los programas establecidos, se lleva a cabo un seguimiento durante las 24 horas del día. Para ello contamos dentro del complejo con un Centro Escolar que permite compaginar la intervención académica con la terapéutica.

Esta residencia atiende también a menores con graves discapacidades, este es un recurso residencial especializado, para dar atención a aquellos menores con discapacidad que precisan, prioritariamente, apoyos de carácter extenso y generalizado en distintas áreas de habilidades adaptativas, necesarios para una adecuada satisfacción de las diferentes necesidades que se encuentran en la vida diaria, no pudiéndose atender en su entorno socio familiar de origen.